Articulos Periodisticos
VISIÓN INTERNACIONAL : LOS HIJOS DE PUTIS
Los Angeles, California 7/26/2008
Por : Juan-Manuel Martínez, OneVision Productions
Sólo quedan 10 familias indígenas en aquel apartado lugar de los Andes peruanos. Un lugar, que más que un olvidado poblado, fue hace 24 años el escenario terrible de una ejecución extrajudicial y por ello, un proceder desquiciado, una sentencia injusta e inhumana. Aquel lugar, en el que el silencio de los pastizales se entremezcla con el viejo olor a muerte que su historia guarda, rompe la rutina de la indiferencia para convertirse en el centro de atención de quienes luchan por los derechos humanos. Un pueblo llamado Putis. Corría diciembre de 1984, el Perú se debatía entre sus tristes pobrezas morales de siempre y una disimulada guerra interna que todos negábamos pero que nos tocaba la puerta dia a dia. En ese estado de cosas, una de tantas bases anti-subversivas levantadas por el ejército en la serranía peruana (supuestas a proteger a los pueblos marginados de las endemoniadas huestes "senderistas" dirigidas por el inefable Abimael Guzmán), se erguía siniestramente en esas alturas, para destacarse entre otras, por su conducta digna de las peores guerras sucias de la historia. Aquella base militar en las cercanías de Putis, se convertiría en símbolo de iniquidad y alevosía en nombre de la paz y la democracia. Según relatos expresados a la Comisión de la Verdad (ente encargado de investigar y esclarecer los casos de violación de DD.HH. durante el conflicto interno que vivió el Perú en las últimas décadas), en Putis, miembros de las Fuerzas Armadas, ejecutaron a más de 120 campesinos, entre hombres, mujeres , niños y ancianos. Esto es, una matanza indiscriminada. La razón: acabar con el terrorismo. Hoy todo eso se comprueba con el hallazgo de más de una fosa común en las cercanías del cuartel de Putis, donde las víctimas se encontraban enterradas casi a flor de piel y con claros rasgos de haber sido ultimadas -muchos de ellos- con un balazo en la cabeza. Se dice que antes de ser asesinados, las mismas víctimas cavaron su propia tumba engañados por los soldados, quienes le pidieron hacer un canal de regadío para la comunidad. Venticuatro años después, esos casquillos de munición, hechos por el propio ejército peruano, resuenan como testigos inertes de esa salvaje acción. Allí están, dentro de esos restos humanos amontonados, que desenterrados hace unas semanas atrás, reclaman la tardía justicia de quienes fueron masacrados violentamente. Venticuatro años después, se sabe que pasó pero no se sabe aún con exactitud quienes fueron los asesinos ,es decir, los nombres , apellidos y grados de quienes ejecutaron tal misión por parte de las fuerzas militares. En nombre de la reconciliación, la impunidad y la falta de sensibilidad hacen esta tarea aún imposible, pues nadie hoy en las FF.AA. peruanas quiere involucrarse en el esclarecimiento de estos hechos de sangre. Increíble. Venticuatro años después, esas 10 familias campesinas siguen llorando por los muertos de su pueblo, por el cómplice silencio de las autoridades que no dejarán que los culpables paguen en esta vida lo que hicieron... existen pues, en estos tiempos, otro tipo de hijos de Putis.